Gloria Rodriguez / Retrato

Olimpia Gloria Magdalena Rodríguez Benito. 87 años. Chilena. Viuda. Sin hijos. Profesora de Historia. Funcionaria Naciones Unidas (UNESCO) en África.

Llegar a los 87 años no es fácil, y menos cargando la cantidad de historias que trae encima Gloria Rodríguez. Es esta misma abundancia de hechos que la rodean lo que hace difícil definirla en corto. Aún así, si un término pudiese definirla sería: ruptura. A Gloria le gusta reconocer y contar ─casi en secreto y sólo a sus más cercanos─ que lo que la movía realmente era hacer las cosas que no debía. Siendo una joven militante comunista se fue a vivir y trabajar a Bolivia. En ese país mantuvo una relación amorosa con un hombre mucho mayor que ella ─José Antonio Arce─ quien fue uno de los más altos referentes de la política boliviana de mediados del siglo XX. Siempre enemiga de los formalismos sociales ─y en especial del matrimonio─ “convivió” con José Antonio durante tres años y, una vez más contra toda lógica social, fue ella la que le propuso matrimonio para evitar ser expulsada del país cuando el gobierno la detuvo acusándola de ser la “principal agente del Troskismo en América Latina”. Esta pareja ─que se casó sin argollas, sin vestidos y que nunca se prometió ni se pidió fidelidad─ alcanzó a durar sólo un año, ya que Arce murió poco tiempo después de casarse al sufrir un atentado orquestado por la oligarquía boliviana y el Departamento de Estado Americano. Cuando Gloria enviudó viajó a Francia y trabajó en el consulado chileno hasta que decidió partir rumbo a África incorporándose como experto al programa de Naciones Unidas que pretendía impulsar el desarrollo del sistema universitario en los países que recién se independizaban y vivió ahí durante veinte años. A fines de la década del 80 volvió finalmente a Chile y ─con los recursos que logró juntar gracias a los vínculos personales que había hecho con pintores y artistas visuales en Francia y Bélgica─ se dedicó a impulsar y sostener un proyecto político-social junto a un grupo de pobladoras en una de las poblaciones más famosas y emblemáticas en la lucha contra la dictadura: la Victoria.

Si bien la anterior es su “historia oficial” habría también una especie de historia “no autorizada” ─donde se cruzan cosas que ella misma reconoce y luego niega con algo de pudor─. Es en esta historia “oculta” donde aparece una Gloria amada y amante de un famoso y recordado Presidente chileno, de escritores, pintores y hasta un cura de alto rango; aparece la mujer que conoció al Che antes de que estas tres letras se transformaran en un icono político y del que dice “era un piojento”; la que se cayó en un avión y estuvo perdida un par de días en el Amazonas con Alfonso Alcalde; la señora que aprovechando sus aires aristocráticos se hizo “Frentista” cuando se convenció de que la violencia era la única forma de enfrentar a una dictadura; la lectora impenitente que se enfurece cuando lee menos de 80 libros en un año y que pierde la calma frente a las demostraciones de ignorancia que considera imperdonable; la amante de la pintura y la música docta; la que se enorgullece de nunca haber aprendido a cocinar y que tenía como mascotas a un mono y un cocodrilo.

Texto de: Roberto Bruna (Candidato a Doctor en Filosofía Política).